martes, 14 de octubre de 2008

El otro lado del lago

Me levanté una mañana con la intención de llamar a mi amiga Marta, así que cogí el teléfono, marqué su número y esperé a que lo cogiera.

- Casa de los Rodríguez, ¿quién es? – Contestó su madre.
- Soy amiga de Marta, ¿me la puede pasar, por favor? – Le respondí.
- Ahora te la paso. – Dijo su madre mientras la llamaba.

Mientras esperaba a que Marta me contestara, encendí el televisor para ver si ponían algún programa interesante. De repente algo me llamó la atención, las noticias, era muy raro en mí ya que no las solía ver mucho.

- ¿Diga? –Contestó, por fin, Marta.
- ¡Hola Marta! ¿Qué hacías? – Le pregunté, ya que sabía que estaría haciendo algo.
- Pues estaba intentando estudiar para el examen de la semana que viene, pero no hay manera de que se me quede nada. – Me respondió desanimada.
- A mí tampoco se me queda mucha cosa, por eso he pensado que para despejarnos un poco, esta tarde, podríamos quedar. – De fondo, se podía oír a mi madre diciéndome que colgara el teléfono para que ella pudiera llamar.
- Marta, te llamo más tarde, que mi madre ya sabes que se pone muy pesada cuando se trata del teléfono. – Le dije, suspirando.
- Vale, Adiós. – Dijo Marta disgustada.
- Adiós. – Le dije también disgustada.

Me dirigí a la cocina, donde estaba mi madre, para darle el teléfono. Luego me fui al comedor, para escuchar la noticia que tanto me llamó la atención.

- Dos chicos, de 15 años, encuentran un objeto de valor cerca del lago y lo entregan a la policía. No se sabe de dónde proviene ese valioso objeto, pero creo que sería toda una aventura averiguarlo.

Pensé que tenía razón y sería divertido, y encima era el lago que había en la ciudad.
Corriendo cogí el teléfono, ya que mi madre ya había acabado de hablar, para llamar a Marta y explicárselo.

- ¿Marta? – Pregunté eufórica.
- Ahora mismo te iba a llamar, ¿has oído las noticias? – Preguntó emocionada.
- ¿Entonces tú también las estabas viendo? Tengo muchas ganas de ir allí i averiguar de dónde proviene ese objeto tan valioso. – Le dije emocionada.
- ¡Sí, sí! Sería toda una aventura y sería muy divertido, ¿quedamos en mi casa a las cinco? – Me preguntó Marta esperando a que le dijera que sí.
- ¡Pues claro que sí! , voy a comer, me ducho y voy corriendo hacia tu casa. ¡Hasta luego! – Le dije con prisas.
- ¡Hasta luego! – Me dijo corriendo.

Me volví a dirigir a la cocina, corriendo, para ver si la comida estaba hecha. Cuando me asomé por la puerta mi madre me dijo que podía poner la mesa para comer, ya que mi padre estaba a punto de llegar. Una vez puesta la mesa, al poco rato llegó mi padre y nos sentamos a comer.
Eran las dos y media y me quedaban dos horas y media para ir a casa de Marta y empezar nuestra aventura.

Cuando acabé de comer y me tomé los postres, me dirigí a mi habitación, corriendo, para coger la ropa y ducharme. Mientras me duchaba estaba pensando por donde podríamos llegar al lago, y al momento se me ocurrió por donde.
Me vestí, me sequé el pelo y me preparé para irme. Justo cuando estaba a punto de abrir la puerta, mi madre me dijo que si iba a salir que me llevara a Trébol, mi perro, y como no podía decirle que no para que no sospechara nada, decidí coger la correa y llevármelo. Eran las cinco menos diez y yo ya había llegado a casa de Marta. Llamé al timbre y me abrió su madre.

- ¡Hola! Pasa. – Me dijo amablemente su madre.
- No tranquila, es que llevo al perro ya me espero fuera. – Le dije para no molestar.
- Como quieras, ahora le digo que baje. – Me dijo muy simpática.
- Vale, gracias. – Le dije.

Mientras esperaba a que Marta bajase, me entretuve jugando con Trébol, al principio pensé que no era buena idea que me lo hubiese llevado pero luego pensé que para él también podía ser una aventura. Mientras yo jugaba con Trébol, Marta bajó, corriendo, las escaleras de su casa y muy deprisa le dijo adiós a su madre mientras cerraba la puerta de su casa.

- ¿Te has traído a Trébol? – Preguntó extrañada.
- Si… no he tenido más remedio que traérmelo, solo para que mi madre no sospechara nada… - Le dije.
- Ah, claro… bueno da igual. Así tu perro no se aburrirá. – Me dijo entre risas.
- Bueno que, ¿nos vamos?- Le pregunté con ánimos.
- ¡Claro que sí! Adelante. – Respondió entusiasmada.

Mientras caminábamos le dije el camino que deberíamos coger para llegar al lago. Tuvimos que pasar por un tronco muy estrecho para cruzar el río, después tuvimos que cruzar un bosque lleno de insectos muy asquerosos y por último, tuvimos que volver a cruzar el río por otro tronco, pero esta vez era más grueso. Estábamos muy cansadas y Trébol parecía tener sed. Miramos a nuestro alrededor, pero no veíamos nada, solo un montón de árboles y arbustos. Pero de repente Trébol empezó a tirar de la correa, como si hubiese encontrado algo y decidimos seguirlo. Tuvimos que cruzar los arbustos, y detrás de ellos estaba el lago, Trébol salió corriendo a beber agua y refrescarse.

- ¡Trébol, vuelve aquí! – Grité con miedo a perderlo.
- Tranquila, solo va a beber agua. – Dijo Marta tranquilamente.
- Está bien… - Dije no muy convencida.

Decidimos investigar un poco la zona. De repente oímos algo, nosotras dos asustadas nos giramos corriendo y Trébol se me tiró encima, nos llevamos un susto muy grande pero se nos pasó. Decidí soltar a Trébol para que caminara un poco e investigara la zona con nosotras. Pocos minutos después, Trébol empezó a ladrar. Nos dirigimos corriendo hacia el lugar donde estaba él y nos quedamos alucinadas con lo que vimos. Pocos metros después del lago había un lugar precioso, con una cascada y muchas plantas aromáticas. Nos acercamos más al lugar y nos fijamos que en aquella cascada tan bonita, en el agua había algo que brillaba. Con mucha curiosidad nos acercamos para ver que había allí, y descubrimos un montón de piedras preciosas que brillaban por si solas.

- ¿Crees que deberíamos contarle esto a alguien? – Me preguntó Marta.
- Yo creo que este debería ser nuestro lugar secreto, no podemos contárselo a nadie. – Respondí mirando fijamente las piedras.
- Tienes razón será nuestro lugar secreto.- Dijo Marta emocionada y contenta.

Poco después miramos la hora y se nos había pasado el tiempo volando. Cogí a Trébol en brazos y nos pusimos a correr, ya que si llegábamos tarde nos podían castigar a las dos.
A las nueve en punto llegué a casa. Entré, me quité los zapatos y solté a Trébol. Me dirigí hacia el salón donde estaban mi madre y mi padre mirando el telediario.

- ¿Dónde habéis estado?, Trébol está muy sucio. –Me dijo mi madre medio enfadada.
- Es que… hemos ido al parque y Trébol se ha metido en la arena. – Dije intentando disimular.
- Bueno pues sube arriba y le das un baño. – Dijo mi madre más tranquila -. Y no tardes que tenemos que cenar.
- Vale mamá. Ahora bajaré.

Cogí a Trébol i me lo llevé al baño. Al mismo tiempo que lo bañaba a él me bañé yo. Cuando salí de la ducha y sequé a Trébol, cogí mi ropa y algo cayó de los bajos del pantalón, era una de las piedras de la cascada que se debió quedar enganchada. La cogí, la metí en mi joyero y bajé con Trébol a cenar.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Mi infancia

Mi infancia, como la de otro niño, era muy divertida, no sólo porque jugábamos a todo tipo de juegos sino también porque jugábamos todos juntos, niños y niñas, no como antes que se separaban. Había muchos juegos y de muchas clases, pero al que más solíamos jugar era a “chutar la lata”, que consistía, simplemente, en que una persona cogía una lata, la ponía en el suelo y ponía el pie encima de ella, después, los demás se ponían a correr para esconderse. Cuando la persona que “paraba” encontraba a alguien, tenía que salir corriendo hacia la lata y decir su nombre antes de que él o los demás la chutaran y ganaran. La verdad es que la infancia que he vivido ha sido muy divertida y una cosa tengo clara y es que lo mejor que he tenido en mi infancia y también por suerte ahora son amigos que vale la pena tenerlos.

domingo, 8 de junio de 2008

Historia de una escalera (acto cuarto)

La escalera ha cambiado un montón desde la última vez que se vio. Debajo del rótulo donde se veía escrito QUINTO, esta un aplique fluorescente. La escalera, todo y ser muy vieja y desgastada, se le ha dado una capa de pintura que le hace parecer algo menos vieja. La ausencia de Paca es notable en esta escena ya que murió naturalmente.

(Vemos salir a Carmina del segundo, acompañada de Urbano. Entonces bajando, se cruzan con Elvira, notablemente desgastada por el tiempo. Se saludan con un solo gesto de despedida. Se ven desaparecer por la puerta.)

ELVIRA.- (Hablando sola) ¡Que vieja me estoy haciendo! (recordando que esto ya se dijo por alguien difunto, Paca.) ¡Ay! Escalera vieja, nos estamos quedando tu y yo presentes en momentos en los que nadie te escucha, presentes en momentos dignos de cotilleo, en momentos que merecen ser vistos por gente que hemos visto morir…

(En estos momentos, vemos salir al joven bien vestido, acompañado de su mujer Carmen. Bajan algunos peldaños de la escalera mientras entablan una conversación)

JOVEN.- (A su mujer) Quien me iba a decir que el negocio de coches que me traspasó papa seria algo nada rentable. Y ahora nos encontramos en que el esta enterrado en un ataúd de terciopelo de lo sobrado de dinero que iba entonces y que tu y yo nos damos cuenta de que el negocio no es rentable, no nos da beneficio y no sacaremos a nuestra hija a delante.

CARMEN.- ¡No digas eso! Sacaremos a toda la familia a delante, incluida Silvia que se nos está haciendo ya mayorcita, (Y con un cambio de tono brusco) y que dentro de poco se nos irá, se casará, tendrá hijos…

JOVEN.- No pienses en eso que aún le queda tiempo. A Silvia aún le van bien los estudios y saca buenas notas.

CARMEN.- Sí. Pongamos fe en que nuestra hija se sabrá cuidar de si misma y se casará con alguien que la va a hacer feliz el resto de su vida.

(La pareja desaparece por la puerta y se ve salir de la primera puerta una joven morena de unos quince años. Se trata de Natalia, la hija de Urbano y Carmina)

NATALIA.- Por fin se han ido. ¡Ahora podré fumar tranquila y sin que mis padres me vean!

(Se ve aparecer a Manolín des del segundo acompañado de su madre que le acompaña hasta la puerta.)

ELVIRA.- No vuelvas tarde, hijo.

(Entra vigilando que su hijo baje y desaparezca por la puerta y cierra. Manolín vuelve a entrar y besa a Natalia. La chica saca un paquetillo de tabaco y le ofrece un cigarro a Manolín, que acepta gratamente.)

MANOLÍN.- Gracias cariño.

NATALIA.- De nada. (Eso lo dice muy seca y borde.)

MANOLÍN.- ¿Te pasa algo? Últimamente estás distante de mí. Algo te ocurre seguro.

NATALIA.- ¡Piérdete!

MANOLÍN.- ¿Hay algo que me ocultes?

NATALIA.- No. Es solo que…

(Entonces se ve aparecer a Urbano y Carmina, interrumpiendo indirectamente la conversación.)

CARMINA.- Cariño, en cuanto a la operación…

URBANO.- No te preocupes todo saldrá bien.

CARMINA.- Si, ya… Pero yo sigo preocupada por ello y el corazón cada vez lo siento más débil.

(Ven a Natalia junto a Manolín y empiezan a sospechar.)

URBANO.- ¿Qué haces tú con éste? (A su hija).

MANOLÍN.- ¿No puede estar conmigo? ¿O que?

URBANO.- (Seco y brusco) No. Y menos con el reflejo perfecto del desgraciado, inútil, y vago de tu padre.

MANOLÍN.- (Entablando una discusión) Que me parezca o no a mi padre no tiene nada que ver con lo que sienta por Natalia. Yo la quiero, todo y ser muy parecida a ti y no se lo restriego. No entiendo porque tengo que aguantarme yo y cerrar la boca como si nada pasara.

NATALIA.- Manolín…

URBANO.- (Con tono de burla) Mira quien se me está poniendo sentimental. ¡Quien me iba a decir que sería el hijo de un ligón macarra!

CARMINA.- ¡Urbano, basta ya! ¡Deja al niño en paz!

URBANO.- No te metas donde no te llaman. (A Manolín) Y tú desaparece o…

MANOLÍN.- (Cortándole la frase) ¡Te tiro por el hueco de la escalera! Es tu amenaza favorita, antes y después de la muerte de mi padre la sigues usando tanto como yo un peine.

CARMINA.- (Cogiéndose el pecho como si le fuera la vida.) ¡Urbano! ¡El corazón! ¡Me duele mucho!

URBANO.- ¡Carmina! Aguanta, ahora mismo te llevo al hospital. Si tuviéramos coche… Un taxi, he de llamar a un taxi.

(Entre gritos desesperación y discusión vemos a Carmina caer lentamente hacia delante, dirigiéndose a los brazos de Natalia. Es un momento de máxima tensión y nerviosismo y el público lo habría de notar.)

NATALIA.- (Ya casi llorando del vacío que espera notar ante el momento anexo) ¡Mamá! ¡No te mueras, mamá! No me dejes sola.

CARMINA.- Hija… (Cambiando a un tono de voz triste y en el que se nota un llanto interior con ganas de acabar con todo, casi llorando.) Natalia, espero que todo lo que te hayamos podido enseñar yo y tu padre en este corto periodo de tiempo te haya servido de mucho y hayas aprendido a comportarte como la mujer que veo ahora ante mis ojos. Lo más seguro, hija, es que estas sean las últimas de las muchísimas palabras que he mencionado en esta vida, que solo me ha servido como lección, por no haberme decantado hacia el amor imposible que sentía por Fernando, que seguro que ahora voy a reencontrar en el cielo y que me dará una segunda oportunidad. Si deseas ir con Manolín y es solo por tu padre que no lo quiere que no sales con él, lánzate, no te lo pienses dos veces, que ésta vida son cuatro días y tres están lloviendo.

NATALIA.- (Emocionada por lo que su madre acaba de mencionar.) Mamá, seguiré tus pasos y tus consejos y junto Manolín voy a empezar una nueva vida y espero que papá esté dispuesto a apoyarme.

URBANO.- Natalia, hija, en momentos como este solo puedo afirmar lo que estoy oyendo ya que visto a que tu madre nunca me ha querido y nunca me querrá solo quiero que tu no pases por el mismo destino que yo digo ante los últimos segundos de tu madre que quiero y deseo que seas feliz esté yo o no. (Urbano se hunde entre lágrimas y se oye de fondo que Manolín cesa a su postura de un chico sin sentimientos y nota el peso de la situación.)

(Se acercan ambulancias con la sirena encendida y que se oyen de fondo sin ser vistas. Pero han llegado demasiado tarde. Mientras Urbano decía la última frase delante de Carmina, ella acaba por morir dejando apoyada su estatura a Natalia. La escena acaba con todos los presentes llorando a lágrima viva.)


(Oscuro)
(Se cierra el telón)

viernes, 11 de abril de 2008

Concurso literario de Sant Jordi

Pena me das
Sola te quedarás
Perdones no aceptaré
Y más palabras no escucharé.

No quiero tu amistad
Más lágrimas no quiero derramar
No quiero tu perdón
Haz el favor de entrar en razón.

Muy popular te crees
Pero nada lo eres
Falsas son tus palabras
Y las verdades te las guardas.

Amigas sigo teniendo
Rabia te corre por dentro
Sola me quieres dejar
Y conseguirlo no podrás.

Nuestra amistad se ha acabado
Y momentos bonitos han quedado
¿Pero sabes que he pensado?
Ser tu amiga es lo peor que me ha pasado.

lunes, 17 de marzo de 2008

La tecnificación en nuestras vidas

Robots que nos lean los pensamientos, robots que pueden saber quién ganará las elecciones con solo un voto, etc.

¿Llegara a pasar todo esto?, creo que sí, ya que en el mundo hay mucha tecnología y muchos avances tecnológicos, pero, ¿La gente querrá esto?, ¡Que un robot le pueda leer los pensamientos sin su permiso y que pueda saber lo que piensa todo el mundo! En nuestras vidas, ya existen robots, pero no nos pueden leer los pensamientos, sino que nos pueden hacer compañía si estamos solos, nos pueden ordenar la casa, hacer la comida,…

Yo, sinceramente creo que no nos hará falta que un robot cuide a nuestros hijos, ya que si pasara esto, los niños y niñas no harán amistades, se encerraran con un robot en una habitación a hablar de todo lo que les ha pasado durante el día.

En Japón los robots empiezan a invadir la vida cotidiana de la sociedad japonesa en tareas complejas como cuidar ancianos, tocar instrumentos musicales, ocuparse de animales domésticos o actuar como alarmas antirrobos. En Japón los ancianos que viven solos ya tienen su animal de compañía, pero no de carne y hueso, sino hecho con cables i piezas, tienen un perro robot como animal de compañía, pero yo creo que tener un animal robot como animal de compañía no nos sirve de nada, aunque tenga sus ventajas. Las ventajas son que como son robots no hace falta sacarlos a pasear, ya que no tienen que hacer sus necesidades y tampoco tienen que comer. Pero, ¿Cuál es el inconveniente?, como son robots no tienen sentimientos y no pueden saber cómo te sientes, ya que están programados solo para hacer lo que les digas. La tecnología avanza muy rápido, ¿Quién sabe si en un futuro todo esto pueda pasar?

domingo, 3 de febrero de 2008



Su nombre és Cèlia, és una chica muy simpática y amable, te ayuda en lo que le pidas. En cuanto a sus rasgos físicos, tiene unos ojos pequeños y algo alargados, su nariz es recta y sus dientes són grandes. És una chica a la que puedes recurrir para lo que quieras, ya que te ayudará. Como amiga es muy válida. És una persona que se rie por todo, incluso si ve una mosca, por eso si tienes el dia triste ella te lo arregla con su risa. És algo tímida con los chicos, pero a la hora de hacer amigas es todo lo contrario. Le encanta hacer deporte, por eso mismo està en el equipo de básquet femenino de Cervera y lo hace muy bien, es el deporte que más bien se le da, aunque haya otros deportes que se le den bien. Como ya he dicho es la mejor amiga que puedas tener y para que os hagais una idea de cómo es os he puesto su foto.

martes, 29 de enero de 2008

Mis mejores vacaciones de verano

En las vacaciones de verano, mis padres y yo nos fuimos, otra vez, a casa de mis abuelos, como de costumbre, seguro que os preguntareis porque lo digo y es porque ir ha casa de mis abuelos todas las vacaciones de verano es un poco aburrido, pero estas vacaciones fueron distintas y os voy a contar porque.

Era Martes por la tarde, y yo cansada de tenerles que hacer los recados a mis abuelos y a mis padres, les dije que me iba a dar una vuelta para despejarme un poco. Subiendo la cuesta que hay al lado de la casa de mis abuelos, descubrí un pequeño camino y decidí seguirlo. Cuando llegué al final del camino vi un paisaje hermoso.

Era un paisaje solitario y acogedor y decidí sentarme en aquella hierba verde a contemplar el cielo azul que había aquel día. No era el tipo de paisaje sucio y desagradable, sino, todo lo contrario, era muy limpio y muy agradable estirase allí. A lo lejos se distinguían unas altas montañas, pero no se veían muy bien puesto que había una niebla espesa. Para mi era un paisaje idílico.
A partir de ese día, siempre que voy a casa de mis abuelos, todas las tardes me escapo para ir a ese hermoso paisaje.